No tienen nada que ver con el inglés, pero así los acabo de bautizar. Porque sí, porque son unos falsos. Porque están siempre que los necesitas pero después no veas como dan por culo los muy PORCULEROS.



Están ahí, acurrucaditos al lado de la uña, al principio parecen inofensivos pero luego notan cuando empiezas a ponerte nerviosa y acaban por hablarte.

Soliloquio entre una loca y sus padrastros:

Padrastro: Tira de mí, tiiiira un poquito de mí, venga que se que estás de los nervios, yo calmaré todo tu dolor.

Tu: Shhhh ¡calla! ¡basta!

Padrastro: ¡No, no, no, no! ¡A la uña no! ¡A mí!

Tu: Mira lo que has hecho ¡has conseguido que me muerda una uña! 

Padrastro: Esto solo acaba de empezar...

Al final te decides tanto por ellos como por las uñas y acabas las jornadas mundiales de los nervios con los dedos con más carreras que unas medias del Lidl y maldiciendo tu lujuria por los padrastros. No te puedes resistir a ellos, siempre caes en la tentación.


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