Solo Dios sabe que pasa en esos días en los que quieres hacer de TODO y no haces NADA.
Te comerías el mundo de un bocado, por un día te sientes un ser todo poderoso y omnipotente que puede hacer todo lo que se proponga y estar presente en cualquier acontecimiento mundial.

-Bueno! voy a empezar haciendo punto cruzado y después sigo jugando a los Sims 3, que hace 1 año que tengo a la familia medio abandonada-

-¿y si mejor empiezo haciendo el bizcocho de chocolate que tanto le apetece a mi
madre?-

-Aunque también podría acabar las tareas pendientes-

-Y darle un super paseo al perro-

- Vale, ya lo tengo! primero me echo una siesta y así seguro que me aclaro con que empezar-


Se hacen las 7 de la tarde y aún no has hecho nada de lo que pensabas, ¿que está pasando realmente? ¿de verdad tenía ganas de hacer todas esas cosas?

Sincertamente, creo que no tiene una explicación científica lógica, tal vez tenga su definición en palabras: VAGUERÍA, pero juro que muchas veces en que me propongo hacer mil cosas y no hago ni una es por saturación mental.

Los días más creativos son muy puñeteros, te vienen las mejores ideas de tu vida todas juntas, hay días que sí consigo hacer una o varias cosas de mi lista, y apunto todas ellas para sacarle provecho a los siguientes días, pero llega la mañana y me siento con menos fuerzas que un moco de pavo.


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